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No podemos permitir que siga peligrando nuestro futuro


En muy poco tiempo ha quedado demostrado que quienes nos llevaron a tan difícil situación son incapaces de sacarnos de ella. Quienes originaron el problema, no son la solución.

La Caja lleva mucho tiempo poniendo en serio peligro su supervivencia. Desarmaron la estrategia comercial provocando el abandono de los clientes, siguieron desordenando la red  mareando a todo el mundo -clientes y trabajadores-, ahora andan lanzando torpedos y no se sabe de dónde vienen, si de al lado, de arriba o de abajo… y acaban de aplastar las pocas esperanzas de los empleados dándoles otro meneíto para desubicarles y atolondrarles, informándoles de nuevos destinos sin criterio, sin trasparencia, con alevosía y nocturnidad. Con el miedo como única herramienta de gestión de los recursos humanos.

¿Pensábamos que esto no podía ir a peor? ¿Alguien pensó que, tras el maldito pacto, las cosas iban a cambiar? ¿Alguien creyó que las cesiones y concesiones no iban a tener consecuencias?

Esta realidad que estamos viviendo es de ¡VERGÜENZA! Ceses sin avisos, traslados sin destinos, cierres de oficinas con extraños criterios que no se nos han explicado, etc. Si esto sucede ahora, ¿qué podemos esperar para la reestructuración de los servicios centrales, cuando haya que recolocar –con las oficinas llenas ya de empleados- a más del 30% de los compañeros que hoy trabajan en ellos?

Y esto, ¿a qué obedece?: A LA INCOMPETENCIA, PREPOTENCIA, FALTA DE RESPETO Y MEDIOCRIDAD.

Incompetencia de los máximos directivos, autistas, ignorantes y en quienes no se puede confiar, no sólo en cuanto a lo que se comprometen, sino incluso a lo que solicitan (ahí está la petición de la empresa para aplazar las elecciones sindicales a marzo: posteriormente se llegó a un acuerdo caja-sindicatos para realizarlas el 3 de Febrero, y a fecha de hoy nos comunican que las mesas electorales se constituyen el lunes). Directivos totalmente inoperativos, faltos de imaginación y criterio, que no contestan a una sola de las reclamaciones que les hemos enviado, antes y después de la fusión, que contemplan impasibles el incumplimiento del acuerdo laboral en todo aquello que suponga dinero. Dinero que se roba, literalmente se roba a los compañeros que “voluntariamente” tienen que aceptar un traslado. Dinero que se malgasta a raudales en consultoras, consejos, comisiones delegadas y asambleas. En diciembre, otra más, aunque esta va a ser movidita. Incumplimiento igualmente a la hora de reconocer por escrito la consolidación de pluses contemplados en el acuerdo laboral.

Prepotencia que ya conocíamos, pero que ha crecido al verse los prepotentes ratificados en sus puestos a pesar de sus muchos errores y atropellos. Así, son aún peores sus malos modos, mala educación, desprecio a las personas, nulo interés por sus problemas y situaciones familiares y personales, recordándonos épocas feudales y su derecho de pernada. Y para ejercerlo con plenitud y sin trabas, llegan al extremo de pretender dejar sin representantes sindicales a buena parte de la plantilla tras las próximas elecciones, de modo que puedan hacer con los compañeros lo que les venga en gana. Actuación –ésta de no permitir la agrupación de centros- que no están aplicando las principales cajas a las que la nuestra dice se quiere parecer.

Falta de respeto hacia los trabajadores y sus representantes que vivió su último capítulo anteayer cuando, sin justificación aparente alguna –motivos de agenda- desconvocan una nueva reunión de la mesa laboral prevista para ayer  “tras solicitar que nos enviaran por escrito los asuntos que íbamos a tratar en ella, así como el detalle de conceptos –acompañado de su protocolo- que desea abordar la empresa en la negociación global ”, pues el de UGT hace casi un año que lo conocen. Y no es que no sepan lo que pretenden: llevar “todo a convenio colectivo” como nos afirmaron y confirmaron en la reunión del pasado día 2 de noviembre.

Mediocridad más que demostrada de quienes han forzado una fusión complicadísima y a la que sólo encuentran la fácil salida del recorte de empleos y condiciones económicas y sociales de los trabajadores. ¡Con lo que hubo que luchar por conseguirlas! Habíamos confiado en que la Caja cambiaría como respuesta a nuestra paciencia, a nuestro talante durante todo el proceso, a nuestro sentido de la responsabilidad  y respeto hacia la institución, por el aguante silencioso que hasta ahora hemos mantenido. Nos confundimos: a la Dirección ni le preocupa ni le importa.

Compañeros, además de la utilización de la vía legal, con lo que ello puede significar tanto para la opinión pública como para la propia caja, ha llegado el triste momento que quisimos evitar: tener que dar un puñetazo en la mesa para hacernos oír, para que se respeten nuestros derechos. Hay que hacer que estos personajes,  que nunca debieron estar al frente de este proyecto como reclamamos hasta la extenuación antes de la fusión, sepan de nuestra fuerza, hay que hacerles entender que si todos los trabajadores saltamos a la vez, el suelo puede temblar.

El tiempo de esperar concluyó… es momento de actuar. Vamos a trasladar todas estas inquietudes, irregularidades, desmanes e injusticias (ayer estuvo a punto de suceder una desgracia) a los Órganos de Gobierno, comenzando por el nuevo presidente y continuando, si fuera preciso, hasta la próxima Asamblea General, que puede no resultar muy agradable para algunos. Salvo que la caja enmiende el mucho mal que ha hecho y se ponga de una vez a hacer las cosas con la profesionalidad y el respeto que todos merecemos, no queda otra alternativa que la judicialización y la lucha sin cuartel. Y, como primer paso, intentar apartar a irresponsables de puestos de máxima responsabilidad.

Ha llegado el momento, tras tanto desprecio, sufrimiento y silencios, de que nos defendamos de la caja y defendamos a la caja, como participes que somos de ella. No pueden seguir los mismos incompetentes dirigiendo lo que no saben dirigir, porque nuestro futuro y el de nuestras familias –no sólo el de la empresa- está en peligro. Basta ya de atropellos, excesos, negligencias, abusos y menosprecios a quienes somos el espíritu y alma de la caja. A quienes somos los únicos responsables de que esta empresa aún no  haya quebrado.

 

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